Los niños arriesgan, improvisan, no tienen
miedo a equivocarse; y no es que equivocarse sea igual a creatividad, pero está
claro que no puedes innovar si no estás dispuesto a equivocarte.
El sistema educativo ¿mata la creatividad? En
la escuela se enseña al niño a amoldarse a los patrones establecidos, a adoptar
un pensamiento convergente en lugar de divergente; al profesor le interesa que
los niños contesten lo que se espera acerca de determinados contenidos y que
los estudiantes no se salgan de las rutas trazadas”.
“Si un maestro pide a un niño que dibuje un
paisaje y el crío es muy original y pinta todo de negro, el profesor le
rectifica; el profesor no está preparado para ser sorprendido y, habitualmente,
no le gusta ser sorprendido; el profesor quiere que las respuestas en los
ejercicios y en los exámenes se ajusten a lo que dice el libro o él ha
explicado, y eso limita el potencial de los niños, los hace más torpes y menos
inteligentes porque utilizan poco la imaginación, no se les deja ser creativos,
y así pasa que, cuando salen de primaria, y aún más de secundaria, son menos
creativos que cuando llegaron a la escuela”.
El éxito escolar significa sacar buenas
notas, y quienes las sacan son quienes se adaptan mucho al sistema educativo,
quienes asimilan y repiten lo que les cuenta el profesor y siguen los patrones
establecidos, arriesgando e innovando lo mínimo para no cometer errores ni
hacer el ridículo. “Luego, en el ámbito profesional, se pide gente creativa, innovadora,
emprendedora, que piense, que tenga ideas originales, que busque soluciones
propias”;
El sistema educativo imperante trata a los
estudiantes como objetos de una cadena de montaje.
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